Ese gato paseador, comelón y un tanto desagradecido, recorría las casas de barrio en barrio en busca de comida y de abrigo. Poco a poco las personas fueron aceptando sus visitas, o escapadas por las ventanas. Por cada sitio que pasaba le colocaban un nombre. El último, muy apropiado por cieto, fue el de Sinver… por sinvergüenza.
El gato de los cuatro nombres

Written by
in