Los niños y las niñas de aquel pueblo se dirigían al colegio cuando de repente vieron a un animalito amarrado al tronco de un árbol y se quejaba hasta de hambre; ellos sin pensarlo acudieron en su ayuda ya que se trataba de una perrita flacuchenta cuya mirada imploraba ayuda. Corrieron a toda prisa, llegaron al colegio donde la escondieron. Los niños sintieron el deseo de devolverla pero la perrita contó con la fortuna de haber encontrador amor y cuidado de su nueva dueña.
El mundo onírico de Fortunata

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